Por Noberto García:
Hasta mi caverna han llegado estos días los ecos de una tonada montañesa que se ha convertido en el himno de referencia para miles de cántabros aficionados o no al fútbol. Se trata de la “Fuente de Cacho”, autentica referencia identitaria que se entona cada vez que el Racing juega en su campo.
La ocasión merece un reflexivo y pausado análisis ya que nuestra región, aunque siempre fue futbolera, nunca destacó ni por su pasión, ni por el énfasis entusiasta de sus seguidores. Más bien al contrario. La afición racinguista acostumbrada a la mediocridad y más cerca siempre del sufrimiento que de las celebraciones, navegó durante los años envuelta en la frialdad que los acontecimientos te suscitan.
Tan sólo hubo júbilo incontrolado en algún que otro ascenso pero nada más. Sin embargo, lo acontecido este año merece la atención de este humilde cavernario que cambia el análisis político de cada semana por un comentario sociológico de todo el entorno deportivo social que envuelve a este Racing que está levantando pasiones, y lo que es más, incrementando la conciencia de un pueblo de dos mil años de historia que siempre ha estado encorsetado en su propia prudencia.
Himno de Cantabria
La Fuente de Cacho se ha convertido en el himno a Cantabria. Que no se moleste el maestro Guerrero, pero cuando veinte mil gargantas entonan a una sola voz esta canción es que se ha merecido tal galardón. El pueblo, la plebe, que siempre hemos necesitado de héroes locales para elevar nuestra autoestima colectiva está como loco por un asturiano que ha encendido la mecha de toda esta explosión de cantabrismo y nos ha puesto al nivel de emoción de la historia antigua cuando Coroccota y Laro combatían con bravura contra las cohortes del general Agripa o del mismísimo Augusto.
El héroe del momento es astur como el pueblo hermano con el que hicimos piña para luchar contra Roma. Tiene nombre de modestia y poco “glamour” y dicen de él ser un trabajador, un estratega y estudioso compulsivo del mundo del fútbol. Maneja sus tropas con la misma entereza que Napoleón lo hacía con las suyas hace dos cientos años, y al igual que Bonaparte se faja contra el enemigo con tácticas novedosas y estrategias basadas en el orden y el esfuerzo de los contendientes.
Al ritmo del fútbol
El general asturiano ha conseguido con su trabajo, y la estrella que todo personaje histórico de relevancia ha de tener siempre tras de sí, que la ilusión de un pueblo crezca al ritmo del fútbol. Ha logrado que los más jóvenes vean en los nuestros, modelos para imitar, y ya no tengan que acudir a las estrellas de la televisión para despertar sus pasiones. Y que los más viejos se sientan orgullosos de los chavales que ahora lucen la elástica racinguista, aquella que con tanto orgullo pasearon por España Alsúa y compañía.
Es así y así hay que aceptarlo. El fútbol es hoy, para la sociedad, una cascada de sentimientos y de sensaciones que pueden ir desde la violencia más irracional en algunos casos, a otros como es el caso que nos ocupa, en el que valores positivos son enaltecidos. De ahí a sentir que la identidad de nuestro pueblo crece, va sólo un paso.
La Fuente de Cacho se canta para demostrar que el espíritu de Cantabria ha despertado y la casualidad ha querido que nuestros vecinos vascongados hayan sufrido los envites futbolísticos de un Racing aglutinador y por fin de todos. Cuando el Sardinero ruge al unísono esta canción, toda Cantabria empuja. Desde Revilla al último ganadero de Liébana. Desde la yet del Paseo Pereda al campurriano más humilde.
¿Es o no es todo un fenómeno sociológico? Sin duda que sí, y el causante de este furor tiene más nombre que apellidos. Se llama Marcelino.